Luego, de vez en cuando, te llegan noticias que no esperas y te hacen replantearte muchas cosas. Como el tiempo que pierdo prestando atención a gente que no lo merece, o dándole vueltas a cosas absurdas, que sé que son absurdas, pero les doy vueltas y entro en un bucle sin sentido.
También he asimilado (o eso intento) que no puedo cambiar la manera de pensar de alguien, y el otro día me dieron un toque de atención para volverme a decir: "Creo que Almudena lo que quiere es controlar qué puede o qué no puede decir X". Y entonces pensé "A ver si van a llevar razón y resulta que soy un poco controladora u obsesiva con los pensamientos ajenos". O sea, cada uno que cargue con lo suyo, ¿acaso no tengo yo ya bastante con los míos? Pues no, encima voy y quiero también controlar los ajenos. Y entonces ocurre que me cabreo mucho, me enfado mucho por ciertas cosas que no puedo cambiar en los demás... Y al final termino frustrándome conmigo misma en mi empeño por controlar lo incontrolable.
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